El asedio permanente, el acoso y el asalto definitivo a que ha sometido el arte de nuestro tiempo a la estética, no es hoy, como Dadá, una aventura sin finalidad, un gesto nihilista. Y sin embargo el “distanciamiento” textual del arte de sus espectadores, aparte de ser cada día más radical, más que un síntoma consecuente del escándalo que provoca en la población, es ya un firme propósito separatista. Ya no es tanto el artista quien se separa de la población por la naturaleza radical, subversiva, de sus posiciones; mejor la población ha iniciado – bien sabemos que por el fomento de la incultura que patrocina el poder – su definitivo desarraigo, su máximo nivel de inerte conformismo.
Tanto Sartre como Brecht compartían los deseos de recuperar cuanto antes la alianza del arte con el pueblo. Pero hoy, el “pueblo luchador” al que hacía referencia Brecht, es una docena de hombres separados de la masa dependiente, acomodada de la población al dictado de los mensajes de TV. Si bien el artista no debe renunciar al lenguaje popular no está claro, como advierte Marcuse, que deba someterse al discurso que hoy emiten y controlan los centros de poder y que habla la gran mayoría de la población. Es, pues, el lenguaje de la minoría, el que debe hablar el artista de nuestro tiempo. La misma tendencia de la izquierda a sustituir generalmente el término “proletariado”, como apunta también Marcuse, por el de “pueblo”, expresa el hecho, aún inconscientemente, de que bajo el capitalismo multinacional y el capitalismo de Estado de los regímenes llamados comunistas, la población explotada ha crecido considerablemente para extenderse a otras capas de la “Si el “pueblo” está dominado por el sistema de necesidades imperante, en ese caso, sólo la ruptura con este sistema puede convertir al “pueblo” en un aliado contra la barbarie. Antes de la ruptura no existe “‘un lugar entre el pueblo” para que el escritor pueda simplemente ocuparlo y quedar a la espera. Los escritores deben mas bien crear ese lugar, y este es un proceso que puede exigirles hacer frente al pueblo, e incluso impedirles hablar su lenguaje.
En este sentido el “elitismo” hoy puede tener un contenido radical”. No debemos, pues, plantearnos con disimulo, ocultándola, la necesidad que tienen los artistas actuales de convertirse en enemigos del lenguaje popular, que es hoy el mismo que habla el poder. Si el arte constituye un factor esencial para la transformación de la conciencia, la pintura y la escultura en general, e incluso la intención estética de estas no puede seguir siendo el modo de convertirse en agente transgresor, rebelde, subversivo del sistema al que nos referíamos. Esto lo tienen muy claro los artistas del conceptualismo, ese arte al que accedemos indirectamente, por medio de los documentos, sean mapas, fotografías, etc., que fija más su atención en medios minoritarios y no convencionales como el super- 8, el video, etc., y que más que ser la obra de arte en sí, sólo nos da testimonio de ella. Este distanciamiento entre la obra de arte y el espectador al que aludíamos al principio de este texto, tiene hoy carácter internacional, como sólo logró tenerlo, primero, el surrealismo extendido por todas las áreas del planeta. En este signo subjetivo, a mi entender, se expresa el hecho del. extrañamiento popular y la anti popularidad de los artistas. actuales, separados, marginados, incluso, de aquellos otros que les han precedido. El caso de Leopoldo Emperador no es distinto. Al apropiarse de unos materiales que – como la arena, el cristal y los gases nobles – rescata de la órbita industrial para subvertir su escritura y construir su propio lenguaje, se enfrenta a la. incomprensión, incluso al desprecio de aquellos que se aferran a un “tiempo” ya conquistado y que la propia mecánica de la historia ha significado convencional y ha vencido, y que a la postre solo al afán de dominio favorece. Me refiero, claro, a aquel supuesto arte de los aficionados que no llega ni siquiera a los museos donde se almacena y acumula el deseo contra la economía, contra la realidad, pero que al término adquiere ese mismo significado conformista. Desde esta perspectiva, sólo tendríamos que objetar al lenguaje revolucionario de Emperador, ciertas concesiones escultóricas al mercado. Por lo demás, nos parece si no la única, al menos una de las pocas manifestaciones de arte (genealógicamente hablando) que en este trance de falsificación, de analfabetismo generalizado y de suplantación del arte por la estética, hemos contemplado en los últimos años de artistas nacidos en Canarias. Y aún cuando la apariencia y un análisis superficial podría añadir a éste una contradicción entre la obra de Emperador y su ubicación en una galería, no podemos dejar de advertir la posición igualmente revolucionaria para nuestro ámbito (artísticamente hablando), que está adoptando una galería de nuestra ciudad, al abrir sus puertas al arte de nuestros días, a riesgo de la charlatanería y la ignorancia que son cuño y bandera de los zombis que nos rodean. Los sacerdotes del realismo, ese anacronismo que le da medida y sello a la conciencia de cuarenta años de ininterrumpida holgazanería cultural y desinformación militantes, vendrán a dar razón con su habitual veteranía a este ARTE con mayúsculas, capaz de emitir con voz propia el signo de nuestro tiempo. Particularmente han dejado de interesarme las pocas implicaciones estéticas que pueda tener la obra de Emperador: Tan solo dos hechos me bastan para advertir en ella una cualidad esencial al arte de todos los tiempos: técnica e inserción radical en la conciencia de su tiempo. El hecho de haber elegido una “escritura” que como la del neón está dando sentido no sólo a la caligrafía y a la gramatología sino también a la intención, a lo que llamaríamos la tinta y el pincel en progreso, le otorga a la investigación de Emperador una extraordinaria profundidad conceptual. El tiempo ha desplazado la naturaleza de los medios y negar esto tendría serias implicaciones sociales, culturales, económicas, históricas y políticas. En definitiva sería negar el desarrollo de nuestra civilización y su carácter progresivo. Que Emperador haya suplido la tinta por gases nobles encerrados en cristal, como en los anuncios luminosos, el pincel por el soplete, etc., y haya elegido la industria para materializar su obra, son gestos significativos. Hablan por sí solos. Y al fin y al cabo, las ideas son hoy, el más noble material del que se sirven los artistas de nuestro tiempo para transformar la conciencia que el totalitarismo mundial está adoctrinando de forma permanente, ayudados por aquellos que por desidia, por pereza, por abandono e ignorancia se niegan a interrogar el sentido y la naturaleza del arte porque se han convertido en estetas del mercantilismo.
Antonio Zaya 1982
Catálogo Exposición Alberos. Galería Vegueta. Las Palmas 1982